sábado, 19 de enero de 2013

Él... Ella...


Ella iniciaba la cola de sus amigas dispuesta a abrir paso entre la multitud para entrar a la discoteca. Su mirada se dirigía intercaladamente entre los cuerpos de la gente y el suelo, buscando el mejor hueco libre por donde pasar. En un segundo, levantó la mirada y ahí estaba él. Cruzando por enfrente de ella para hablar con otro tipo. Quitó el pie que había puesto para seguir avanzando y disimuló que no podía pasar por la muchedumbre, rezando porque acabara pronto de hablar con aquel tipo y pudiera saludarle.

Él la había visto nada más entrar. No quería saludarle, ni verla, ni tener que darle dos besos o dirigirle alguna palabra. Para él se había acabado todo y otros asuntos rondaban su cabeza. Pero no pudo evitar mirarla de reojo mientras entraba seguida de sus amigas y aquel chico que la pretendía. No pudo evitar observar que estaba guapísima y que aquel vestido le favorecía indudablemente. Cuando se había acercado lo suficiente, cambió de posición, disimulando hablar con otro de sus amigos, para no cruzarse en su camino. Sin embargo, se dio cuenta que la multitud le había interrumpido el paso y ella había parado. No sabía qué más conversación ofrecerle a su amigo para que no se fuera y lo dejara al descubierto. Al final, no tuvo más remedio que dejarlo ir.

Por fin, su conversación con aquel tipo había acabado, justo a tiempo, si no tendría que haber seguido andando a su pesar. Se quedó uno enfrente del otro. Ella sonrió, ilusionada. Hacía tanto tiempo que no lo veía. Él sonrió disimulando tantos sentimientos contradictorios en su interior y un enorme malestar que decía “No sé qué hacer”. Pero tampoco podía apartarse de sus ojos. Entonces, ella avanzó hacia él manteniendo la mirada.



Los dos se dijeron un “Hola” prácticamente inaudible por la música y el murmullo de la gente. Casi únicamente sus labios se habían movido. Se dieron dos besos; demasiado fugaces para ella; demasiado incómodo para él.

Él dijo algo más mientras comenzaba a alejarse en rumbo a los amigos que había dejado antes. Ella sonrió como respuesta, sintiéndose tonta después porque ni si quiera lo había entendido, pero era feliz. Se puso unos cuantos pasos detrás de él aprovechando un hueco entre la gente y empezó a bailar con sus amigas, sin poder evitar mirarlo de vez en cuando.

Ella no quería perderle de vista, no sabía cuándo lo podría volver a ver. Él disimulaba con el móvil, ansioso por salir de allí.

Un momento de despiste en el que ella no lo había mirado y él ya no estaba. 

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